A la hora de comer llegamos a San James, o mejor dicho, llegamos a San James y comimos. Realmente la llegada a los pueblos es lo que nos marcaba las comidas.
Mientras estábamos en carretera, solo podíamos picar de los snacks y refrescos que llevábamos en el compartimento secreto de la base del coche. Pero en el momento que llegabamos a un espacio civilizado, por pequeño que fuese, nos planteábamos la posibilidad de comer.
En cualquier caso, San James nos escogió ese día como clientes en una de las hamburgueserias más típicamente americana que nos encontramos.
Según se aprecia en el video, el local estaba lleno de elementos de los 50, la camarera era una señora de 50 años que vestía como una de 20 y llevaba el típico uniforme de camarera. Las hamburguesas tenían un tamaño importante, pero nos las metimos entre pecho y espalda tan ricamente ¡viva el colesterol!
Cerca de nuestra mesa había un señor bastante peculiar, parecía el abuelo de Heidi pero con camisa de leñador y tirantes que simula un metro.
En la calle que cruzaba el pueblo, había una tienda hiperpatriótica, que vendía banderas de todos los colores y sabores.
Caímos en gracia a la señora del local y nos regaló banderitas de EEUU, supongo que están defectuosas porque no tienen las 50 estrellas que deberían tener.
Finalmente compramos cajas de botellas de agua en una gasolinera, para reponer la despensa del coche y tiramos millas, porque con el calor que hacía allí lo mejor que se podía hacer era disfrutar del aire acondicionado del coche.
sábado, 17 de noviembre de 2007
La Ruta 66 nos lleva a San James
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